Hace 25 años era muy laxa la definición del delito en la Argentina. La tipificación y la pena quedaban en manos de la autoridad, sin codificación previa. La criminalización se expandía a la vida cotidiana, no se constreñía a la actividad política: podía serlo llevar el pelo largo los hombres (o suelto las mujeres), la barba, la minifalda. Colegios y universidades regulaban la vestimenta de los educandos. Besarse en la calle era un albur, que podía incitar el celo de los uniformados. Comer en la calle una provocación, juntarse muchos... vaya a saber. En siete años de dictadura fueron contadas las movilizaciones, casi todas fueron reprimidas, todas rigurosa y ostentosamente vigiladas. Cuánto, para bien, ha cambiado todo eso. Con demasiada frecuencia se olvida o se desdeña.
(Mario Wainfeld para Página 12)
(Mario Wainfeld para Página 12)










